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En pocas ocasiones se le presenta a un Arquitecto, la oportunidad de intervenir en el diseño y ejecución de una pieza de Arquitectura Religiosa como en este caso.

Gracias a la ilusión y tesón de Don Gonzalo Huesa y a el Arte del escultor Don Francisco Parra, hace unos meses -casi al comienzo del año 2000- surgió la ocasión de realizar un ejercicio de composición muy especial. El diseño de un retablo dedicado a la advocación de Nuestra Señora de la Familia, que se venera en la Iglesia de Santa María de la Encarnación de Ronda.

En estos años la intervención más habitual en el Patrimonio Arquitectónico es la de restauración, en contadas ocasiones de nueva planta. Intervenciones como esta, precisan por tanto, de un alto grado de humildad y rigor compositivo por parte del Arquitecto. Humildad, porque debemos intentar integrarlo en el conjunto lo más posible, sin pretender innovar. Como dijo un día Don Gonzalo al enseñarle uno de los dibujos -parece que ha estado ahí toda la vida- si esa misma expresión se repite cuando se vea instalado en la iglesia, habremos conseguido el principal objetivo. Para ello debemos utilizar en la composición reglas, imágenes y proporciones totalmente asumidas, esto es, debemos recurrir a un lenguaje clásico". Tomaremos como referencias aquellas intervenciones del pasado similares a la que se nos presenta.

EL LUGAR

La arquitectura no debe ser independiente del lugar donde se ejecuta.
Santa María de la Encarnación de Ronda, fue primero, según opinan la mayor parte de los historiadores, templo romano. En el mismo lugar se construyó después bajo la dominación islámica, la Mezquita Mayor de la Medina. De ella sólo se conserva hoy el Arco del Mirhab y un trozo del muro del mismo.

Los Reyes Católicos, al apoderarse de la ciudad, ordenaron levantar en el lugar de la Mezquita un Templo. Las obras se iniciaron en 1485 y tras muchas vicisitudes se concluyeron al final del siglo XVII.
La primera parte del Templo es de estilo gótico y la segunda de planta renacentista, se corona en gusto barroco.

La zona gótica, es la parte más antigua de la iglesia. Comienza su construcción apenas reconquistada la ciudad (1485), se estructura en tres naves. El terremoto que en 1580 destruyó parte de la fábrica, obligó a reedificar las naves laterales y a modificar la cubierta, ocultando la pureza del gótico. Se hicieron arcos de medio punto y arcos de descarga y se bajaron las bóvedas con lo que quedó oculto en parte, su estilo primitivo.

Al pasar a la zona renacentista de la iglesia, nos sorprende la armoniosa proporción de los elementos arquitectónicos que la compone. Como en las Catedrales de Granada, Málaga y Cádiz, para salvar la proporcionalidad entre elemento y altura de la columna, y para conseguir al mismo tiempo dar altura mayor al espacio interior, coloca sobre los capiteles un entablamento que hace partir el arranque de los arcos varios metros por encima de los capiteles.

En el tras-coro encontramos la imagen de María Inmaculada, Reina de la Familia, fue entregada a la iglesia en 1994 como imagen del vestir, posteriormente fue restaurada para convertirla en imagen de telas encoladas al gusto de la imaginería sevillana del siglo XVIII, quedando definitivamente restaurada en 1997, con motivo del Año Internacional de la Familia.

El emplazamiento elegido para instalar el retablo, es el muro de cierre del coro, situado en la nave central de la iglesia, en el tercer cuerpo del sector gótico.

Entendemos que el lugar es el idóneo, pues se trata de un muro simplemente pintado, que tiene espacio suficiente delante de él como para conseguir una buena perspectiva del conjunto.

En las figuras 1, 2 y 3, representamos gráficamente un plano de la planta de la iglesia donde situamos el retablo en el muro de cierre del coro, vista general de la iglesia, en primer plano el muro del trascoro donde se pretende instalar el retablo y, una sección transversal de la iglesia con la representación del alzado del retablo donde se puede comprobar la correcta integración de la nueva instalación en el conjunto.


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


Preferencias


PREFERENCIAS

Como en la mayoría de las Grandes iglesias de Gótico, aquellas levantadas en las ciudades importantes, en nuestro entorno más próximo; Carmona, Marchena, Arcos de la Frontera, Écija, Jerez, y Sevilla, el coro se sitúa en la nave central, normalmente en las más grandes, en el tercer cuerpo, en otras de menor entidad se sitúa en el segundo cuerpo. Al quedar un espacio importante tras acceder al templo, en el muro del trascoro se ejecuta una segunda fachada, se levanta un altar compuesto por una capilla central integrando las entradas del coro en una composición mural y arquitectónica. Tiene una composición que no suele superar la galería de remate del coro. Se suele tratar como una fachada de este edificio interior del templo que constituye el coro con sus muros perimetrales abierto hacia el altar mayor y cerrado por un muro paralelo a la fachada principal.

En el caso de Santa María, el coro se sitúa en el tercer cuerpo al igual que la Catedral de Sevilla, dejando un gran espacio desde la entrada y el muro de cierre del coro. El muro enfoscado se remata lateralmente por los sillares de los muros laterales del coro. Superiormente se remata por una cornisa y la barandilla de la galería superior del coro.

Podemos observar unas imágenes del muro de cierre del coro de la Catedral de Sevilla, construido en 1631 una composición muy arquitectónica que en la zona central tiene una imagen de Nuestra Señora de los Remedios. El muro de cierre de la Catedral de Sevilla, aprovecha el tamaño de las columnas para definir el espacio suficiente para independizar con una barandilla el altar. Otro caso de menor escala es la iglesia de Santa Ana en Sevilla.

En este caso la composición de menor escala se resuelve de forma muy similar, si bien en este caso, teniendo en cuenta el tamaño de las columnas, la composición se adelanta resolviendo el encuentro con la columna deformando un ángulo de 135° respecto del plano de la columna que en este caso es de planta rectangular. En ninguno de los ejemplos que hemos estudiado la composición supera la barandilla del coro.

En las figuras 3, 4 y 5 podemos observar algunas vistas generales y de detalle de la Catedral de Sevilla y de la iglesia de Santa Ana en Triana donde se recogen las imágenes que ilustran los comentarios que acabamos de exponer.

EL RETABLO

En el año 1997, se inicia la ejecución por el Escultor Sevillano Francisco Parra de las XIV estaciones de un VíA-LUCIS que representa la vida de la Virgen. Estas piezas, ejecutadas en bronce en 80 x 100 cms. son el verdadero objeto de este trabajo. Si bien, en un principio se hicieron para colocarse en las fachadas de las iglesias, durante el tiempo empleado en la ejecución de las catorce representaciones, fue madurando la idea de conformar un retablo en honor a la imagen de la Reina de la Familia que se venera como se ha dicho en el tras-coro caso de Santa María La Mayor.

Se empieza a trabajar en esta idea, fundamentalmente diseñando diversos elementos ornamentales, también en bronce, utilizando para ellos referencias marianas extraídas de la misma Santa María la Mayor.

En este momento, se nos pide que colaboremos en la definición de la composición del retablo. La idea de la que se parte es la construcción de una base formada por pilastras de bronce con capiteles jónicos y una distribución pictórica con marcos de bronce, de estas las piezas en el muro blanco del tras-coro (figuras 7 y 8).

Considerando que las piezas que representan la vida de María deberían formar un todo, nos ponemos a trabajar con la intención de construir un retablo, que debe ser la yuxtaposición de dos composiciones, de una parte la fachada que supone la arquitectura de cierre del muro del tras-coro y de otra, la composición mural del retablo gótico (figuras 7 y 8).

Algunas notas sobre la historia de los retablos, tomadas de la publicación sobre el retablo nuestra señora del Rocío, nos van a servir para recordar el origen y la evolución de estas intervenciones a caballo entre la arquitectura y la escultura. Los retablos se originaron a finales del siglo XI, como derivación del culto a las reliquias de los santos. Algunas de ellas se adornaban con tablas pictóricas que veneraban escenas de la vida de las bienaventuradas. Estas tablas se situaban en la parte posterior de la mesa, por lo que recibieron el nombre de retro-tabla y de ahí el nombre del retablo. Como todo los objetos de culto, tenían como fin ilustrar la fe y fomentar la piedad del celebrante y de los fieles asistentes a la liturgia.

En los siglos XII al XVI, los retablos ponen el acento en lo narrativo. Los de mayor tamaño desarrollan citas, como las de la vida de Cristo o la Virgen. Los retablos completaron la gran labor ilustrativa y catequista de los templos, en los que se desarrollaban las grandes lecciones de la Historia de la Salvación, por medio de pinturas murales y de las grandes vidrieras. A finales del siglo XVI y en el XVII la atención se va a centrar en un solo tema, que obviamente aumenta de tamaño. Los retablos del romanticismo y del protobarroco llevarán a efectos los propósitos educativos y reformadores del Concilio de Trento.

En la segunda mitad del siglo XVII y a lo largo de todo el XVIII, la escenografía de los retablos se desarrollan hasta tal punto que deja en un segundo plano la figuración. Las tablas de las exquisitas pinturas del Renacimiento fueron reemplazadas por enormes y efectivas maquinarias que dejaban sorprendidos y atónitos al pueblo sencillo. El marco arquitectónico va a adquirir todo el protagonismo: las columnas salomónicas o las estípites de orden gigante sustentaron grandes arquitecturas, que ocupan el testero de la capilla mayor, inundando de tallas y de pinturas incluso las bóvedas y los muros laterales.

El retablo barroco va a gustar de grandes escenografías, en contra de la idea más serena de un monumental Libro, como es el caso del retablo gótico o renacentista.

A la hora de afrontar el proyecto, debemos de optar por el concepto de retablo barroco o renacentista, fundamentalmente por el componente mural que tienen las piezas que la componen, más próxima a las pinturas que componen grandes y pequeños retablos como los que podemos observar en las imágenes siguientes y, porque en estos momentos no es necesario sorprender al creyente con las espectaculares escenografías de los retablos barrocos, sino exponer serenamente mediante las XIV estaciones la vida de la Virgen, representada en el Centro de la composición por la imagen de Nuestra Señora de la Familia.

Se acompañan figuras 9 y 10 del retablo del Cristo de Maracaibo de 1913. Retablo barroco de la capilla de San José de 1785.