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Como se ha dicho anteriormente, se trata de realizar un ejercicio de composición, donde debemos realizar una yuxtaposición de dos órdenes, de un lado las fachadas interiores que suponen la construcción del muro de cierre del coro, y de otro, la composición mural de un retablo.

A la hora de abordar la composición del retablo, optamos por emplear un lenguaje clásico, utilizando para ello todas las herramientas, órdenes, elementos, referencias, ritmo, proporciones, que trataremos de ir detallando a lo largo de este texto. En el último párrafo del libro "Lenguaje Clásico" de la Arquitectura de Sr. John Summerson, se llega a la siguiente conclusión:

- "Procedimientos racionales". Este es quizás el último, y desde luego no el menor, legado del clasicismo a la arquitectura de nuestro tiempo: procedimientos racionales que controlan e incitan la invención. Este ha sido siempre y probablemente siempre lo será, el camino de la creación arquitectónica y la historia del lenguaje clásico de la arquitectura suministra el modelo más universal y explícito de este proceso.

Partimos de tres conceptos fundamentales:
- Un edificio clásico es aquél cuyos elementos decorativos proceden directa o indirectamente del vocabulario arquitectónico del mundo antiguo. En nuestro caso, los elementos a utilizar proceden directamente de ese vocabulario, pilastras, capiteles jónicos, etc.

- La finalidad de la arquitectura clásica ha sido siempre lograr una armonía demostrable entre los partes. Trataremos de explicar la relación compositiva del retablo que proponemos.

- El propósito de las proporciones, es establecer una armonía en todas las estructuras, una armonía que resulte comprensible ya sea por el uso explícito de uno o más órdenes como elementos dominantes, ya sea sencillamente por el empleo de dimensiones que entrañen relaciones numéricas simples.

La composición proyectada está basada fundamentalmente en la utilización de los órdenes siguientes: de un lado un intercolumnio jónico de 6 M1/2 que proporciona estilo y ritmo a la composición y, de la utilización de la más elemental referencia al arco del triunfo-división del espacio en tres partes desiguales, (estrecho, ancho, estrecho), mediante columnas, situándose en el eje de simetría de la composición.
El intercolumnio marca el tiempo de composición, y una vez establecido ese tiempo no se puede olvidar. Son posibles pequeñas variaciones dentro de un tiempo dado, para variaciones de una clase muy específica y significativa.

En una primera aproximación tenemos dos ritmos o intercolumnios posibles:

El primero es un ritmo más pausado, utilizan un intercolumnio que acoja el ancho de dos piezas, con lo que se obtiene cinco módulos donde el elemento central acoge la capilla de la Virgen ( figura 11).

Una variante de este sería utilizar el ancho de cada una de las piezas y utilizando los dos elementos centrales para alejar la capilla que debe ser el centro de la composición (figura 12).

Analizando las dos opciones, optamos por la segunda por ser mucho más esbelta y reflejar la importancia del elemento central, así como, de las piezas del retablo, de esta forma se establece un ritmo parecido al de la sillería del coro.

Una vez fijado el intercolumnio procedemos a introducir una variante en el lenguaje (figura 13), enfatizando el centro de la composición, al intercalar una variante en la zona central, tomada del arco del triunfo (estrecho-ancho-estrecho). Así la capilla central y las variantes utilizadas en los módulos contiguos para acoger las puertas de acceso al coro.
Por último, respecto de los elementos, los órdenes son absolutamente inútiles desde el punto de vista estructural, pero hacen expresivas la composición, las hace hablar: llevan el retablo con sentido y ceremonia, con gran elegancia a veces hasta la mente del espectador. Dominan y controlan visualmente los edificios a los que han sido agrupados.

¿Cómo se consigue esto?. Desde luego no se logra simplemente prendiendo con alfileres, columnas, entablamento y frontones a una estructura de otro modo desnuda. El conjunto -estructura expresión arquitectónica- debe constituir un todo integrado y esta implica introducir las columnas de muy diversas maneras y es que hay columnas y columnas.

Las columnas autoportantes o exentas han de sostener algo. Las columnas separadas, que sean casi transparentes a un muro situado detrás. Las columnas adosadas, formando una parte en el muro.

Por último, tenemos las pilastras que son representaciones planas de las columnas, labradas como en relieve en el muro. Disponemos pues de, cuatro grados de relieve y cuatro intensidades de sombra. Podemos verlo con claridad en las imágenes que nos siguen (figura 16).

Teniendo en cuenta todo lo anterior, al objeto de la lectura de los distintos pasajes sea lo que atraiga nuestra atención, optamos por las pilastras, de tal forma que las órdenes se integren en el relieve formando parte de una pieza de bronce (figura 15).


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 


La Construcción


LA CONSTRUCCIÓN

Las piezas de bronce miden 80 x 100 cms. y tienen una composición vertical. Las pilastras son de 20 cms. de ancho, por tanto tenemos un intercolumnio de 100 cms. Si optamos por el orden jónico, como se ha expuesto, el ritmo sería 6 m 1/2 (M = módulo) y por tanto el módulo es de 15,38 cms., siguiendo las proporciones establecidas para el orden jónico, tendremos las principales líneas de la composición como sigue:

- Intercolumnio     6 M1/2 = 100,00 cms.
- Pilastras            6 M = 92,18 cms.
- Columna           18 M = 276,00 cms.
- Entablamento     4 M1/2 = 69,21 cms.

Estas dimensiones establecen la referencias al eje de cada elemento. así nos sirven para establecer las líneas principales de la composición, tanto horizontalmente como verticalmente (figura 14).

Los distintos elementos que componen la arquitectura del retablo, no siguen las proporciones establecidas, sino que responde una interpretación libre de los elementos clásicos: pilastras, capiteles y otros elementos que componen el retablo.

Se proyecta una composición de diez elementos simétricamente dispuestos respecto del eje central de tal forma que quede enmarcado por los remates de sillares del muro y la barandilla de madera que remita la galería superior del coro.

La capilla de la Virgen de la Familia, ocupa el centro de la composición, utilizando para ello la suma de dos elementos, uniéndose a la composición de las dos puertas de acceso al coro situadas en los módulos contiguos.

Para rematar lateralmente la ocupación se proyecta una doble columna en los extremos, que les permite separarse unos 60 cms. del muro, necesarios para la instalación de la estructura portante y el anclaje por el interior de todas las piezas que componen el retablo (figura 17).

Respecto de las características constructivas de la instalación, se proyecta una estructura metálica siguiendo la misma disposición que los elementos que componen el retablo, por tanto se proyecta un elemento vertical cada 100 cms. y elementos horizontales siguiendo las líneas horizontales de la composición. Este plano se duplica para anclar la estructura al muro del coro (figura 18).

Para repartir la carga en el terreno, consideramos suficiente disponer una plancha de acero de unos 15 mm. de espesor, esta podría ir directamente apoyada sobre el pavimento. Consideramos que una gran superficie de contacto es suficiente para que el retablo se comporte como un gran mueble.

El material utilizado para toda la composición es la fundición de bronce, no obstante, se utiliza la madera como fondo de todos los elementos que no sean las piezas del vía-lucis. Remates, capilla, basamento y esquinas laterales de esta forma resaltamos más la importancia de las distintas historias que el retablo nos muestra.

José María MORALES HEVIA
Arquitecto