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Como se ha dicho anteriormente, se trata de realizar un ejercicio de composición, donde debemos realizar una yuxtaposición de dos órdenes, de un lado las fachadas interiores que suponen la construcción del muro de cierre del coro, y de otro, la composición mural de un retablo.
A la hora de abordar la composición del retablo, optamos por emplear un lenguaje clásico, utilizando para ello todas las herramientas, órdenes, elementos, referencias, ritmo, proporciones, que trataremos de ir detallando a lo largo de este texto. En el último párrafo del libro "Lenguaje Clásico" de la Arquitectura de Sr. John Summerson, se llega a la siguiente conclusión: Partimos de tres conceptos fundamentales:
La composición proyectada está basada fundamentalmente en la utilización de los órdenes siguientes: de un lado un intercolumnio jónico de 6 M1/2 que proporciona estilo y ritmo a la composición y, de la utilización de la más elemental referencia al arco del triunfo-división del espacio en tres partes desiguales, (estrecho, ancho, estrecho), mediante columnas, situándose en el eje de simetría de la composición.
El intercolumnio marca el tiempo de composición, y una vez establecido ese tiempo no se puede olvidar. Son posibles pequeñas variaciones dentro de un tiempo dado, para variaciones de una clase muy específica y significativa. En una primera aproximación tenemos dos ritmos o intercolumnios posibles: El primero es un ritmo más pausado, utilizan un intercolumnio que acoja el ancho de dos piezas, con lo que se obtiene cinco módulos donde el elemento central acoge la capilla de la Virgen ( figura 11). Una variante de este sería utilizar el ancho de cada una de las piezas y utilizando los dos elementos centrales para alejar la capilla que debe ser el centro de la composición (figura 12). Analizando las dos opciones, optamos por la segunda por ser mucho más esbelta y reflejar la importancia del elemento central, así como, de las piezas del retablo, de esta forma se establece un ritmo parecido al de la sillería del coro.
Una vez fijado el intercolumnio procedemos a introducir una variante en el lenguaje (figura 13), enfatizando el centro de la composición, al intercalar una variante en la zona central, tomada del arco del triunfo (estrecho-ancho-estrecho). Así la capilla central y las variantes utilizadas en los módulos contiguos para acoger las puertas de acceso al coro.
Por último, respecto de los elementos, los órdenes son absolutamente inútiles desde el punto de vista estructural, pero hacen expresivas la composición, las hace hablar: llevan el retablo con sentido y ceremonia, con gran elegancia a veces hasta la mente del espectador. Dominan y controlan visualmente los edificios a los que han sido agrupados.
¿Cómo se consigue esto?. Desde luego no se logra simplemente prendiendo con alfileres, columnas, entablamento y frontones a una estructura de otro modo desnuda. El conjunto -estructura expresión arquitectónica- debe constituir un todo integrado y esta implica introducir las columnas de muy diversas maneras y es que hay columnas y columnas.
Las columnas autoportantes o exentas han de sostener algo. Las columnas separadas, que sean casi transparentes a un muro situado detrás. Las columnas adosadas, formando una parte en el muro.
Por último, tenemos las pilastras que son representaciones planas de las columnas, labradas como en relieve en el muro. Disponemos pues de, cuatro grados de relieve y cuatro intensidades de sombra. Podemos verlo con claridad en las imágenes que nos siguen (figura 16).
Teniendo en cuenta todo lo anterior, al objeto de la lectura de los distintos pasajes sea lo que atraiga nuestra atención, optamos por las pilastras, de tal forma que las órdenes se integren en el relieve formando parte de una pieza de bronce (figura 15).
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La Construcción
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