|
La Adoración de los Magos.
En el canto de alabanza a Dios, hecho cuando visitaba a Isabel, María había ponderado la generosidad de Dios al exaltar a los humildes y humillar a los poderosos.
La vida le daba la razón una vez más. Allí, delante de un pobre Niño, en unas no menos pobres y míseras circunstancias, estaban los poderosos magos ofreciendo oro, incienso y mirra. Una vez más Dios confundía a los sabios de Jerusalén, a los poderosos del palacio del rey, a los entendidos en Leyes de Israel, y se revelaba, primero a unos pastores y, ahora, a unos extranjeros, siempre mal vistos por los orgullosos escogidos de Yahvé.
Y Ella, a su vez, se convertirá en Madre del nuevo Pueblo de Dios, en el que tendrán cabida todos, blancos, negros, cobrizos, amarillos, todos, porque en la persona de los Magos se anticipa la salvación universal.
Agustín Clotet
Director de "Palabra amiga"
Radio Coca-Cadena SER. Ronda
|