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La venida del Espíritu Santo
A lo largo de toda la vida de María ha existido una íntima relación entre el Espíritu Santo y ella. Por su inserción en la esperanza de Israel, María inició su existencia en apertura total al Espíritu. En la Encarnación el Espíritu desciende sobre ella y concibe al Hijo. Esta relación va a llegar a la plena maduración en Pentecostés.
En Pentecostés el viento recio del Espíritu Santo transformó a aquellos seguidores de Jesús que andaban desconcertados y con las puertas cerradas por miedo. El Espíritu los llenó por dentro, los hizo hombres y mujeres nuevos y con su fuerza se hicieron idóneos para dar testimonio del Señor Jesús.
María, transparencia del Espíritu Santo, intercede ante el Padre para que nos envíe también a nosotros el Espíritu, podamos construir Reino de Dios y ser, con nuestras obras y palabras, verdaderos testigos de Jesucristo Resucitado.
Francisco González Gómez
Antiguo Vicario Episcopal de Ronda
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