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La Resurrección de Jesús
¡HA RESUCITADO!
La resurrección de Jesús no consistió en la reanimación de un cadáver, ni en un retorno a esta vida espacio-temporal. Jesús no resucita como resucitó la hija de Jairo, o su amigo Lázaro. Ellos volvieron a estar para morir.
La resurrección de Jesús es nueva creación por parte de Dios, nuevo nacimiento, mundo nuevo. Con la resurrección de Jesús Dios ha dicho que su vida, la vida de Jesús, tiene sentido, que el reino, el amor, el servicio y todo su mensaje son el nuevo modo de vivir conforme al plan de Dios. Significa que Dios, en Jesús, nos hace triunfar sobre la muerte, la injusticia, el dolor.
La resurrección de Jesús es un hecho real. No es un hecho que podamos comprobar por documentos o instrumentos utilizados por la ciencia histórica. Pero es un hecho real. Sucedió en Jerusalén y sus signos fueron claros: el sepulcro está vacío, el Resucitado se dejó ver, los discípulos pierden el miedo y anuncian el Evangelio, se inician comunidades cristianas que duran hasta hoy. La resurrección de Jesús es un acontecimiento que ocurre en la historia, en un momento de la historia, transforma el sentido de la historia y la sobrepasa.
La resurrección de Jesús es un hecho de fe. Así lo vivieron los primeros testigos que nos transmitieron su experiencia en dos tipos de relatos: unos en los que las mujeres y los discípulos encuentran vacía la tumba donde habían puesto a Jesús, y otros en los que se cuentan las apariciones del Resucitado. Pero la tumba vacía y las apariciones sólo sirven para el que tiene fe.
Los cuatro evangelios siguen un esquema común al narrar los acontecimientos de la Pasión, No sucede lo mismo al narrar el acontecimiento de la Pascua.
El escenario de las apariciones o cristofanías es muy variado: Jerusalén, Galilea, fuera de Palestina, un pueblo de Judea. Hay apariciones a una sola mujer o a dos mujeres, a uno o a dos hombres, a un grupo, a una multitud. Los hechos de la Pasión ocurrieron en una semana, mientras que las apariciones lo fueron en el transcurso del tiempo y su formulación definitiva fue elaborada por las distintas comunidades cristianas primitivas a lo largo de varios decenios de años.
Nuestra fe en la resurrección se basa en la fe de los que vieron vivo a Jesús después de su muerte en cruz. Para ellos fueron fundamentales las apariciones. Gracias a ellas los apóstoles exclamaron: "¡Es verdad, ha resucitado!" (Lc. 24,34). En las apariciones se habla de una presencia real de Jesús (come, camina con los discípulos, dialoga ... ). Pero a la vez hay afirmaciones que nos indican que no es un cuerpo como el nuestro, no está sujeto al tiempo y al espacio, aparece y desaparece, atraviesa puertas (Jn. 20, 29).
Los primeros cristianos quisieron dejar clara esta experiencia de la resurrección de Jesús y por ello tuvieron que adaptarse a la mentalidad de las personas de su tiempo.
Destacaban que el resucitado era el mismo Jesús de Nazaret a quien se podía tocar (Lc. 24, 39), que volvía a comer con sus discípulos (Lc. 24, 43), que estaba vivo y presente en la comunidad (Lc. 24, 13?35).
A la hora de expresar esa vivencia de Jesús resucitado los discípulos se encontraron con muchas dificultades. Les fallaba el lenguaje. Hablaban de resurrección, de exaltación, de pasar al Padre, de Jesucristo sentado a la derecha del Padre. Recordemos el credo antiquísimo de la primera comunidad:
Porque yo os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí? que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a los doce". (1 Cor. 15, 3?5).
Las narraciones más antiguas se mueven en el enigma y en el misterio. Los dos de Emaús sólo le reconocen al partir el pan (Lc. 24, 30) y la Magdalena sólo cuando la llama por su nombre: ¡María! (Jn. 20, 16). Los que estaban pescando le reconocen al amanecer (Jn. 21, 7). Unas veces no le reconocen, otras están seguros de que es el Señor (Jn. 21, 12) y otros creen que es un fantasma (Lc. 24, 37).
¿Quién vio primero a Jesús resucitado? Seguro que su Madre. No lo dicen los Evangelios. No hace falta que lo digan. Es claro: María creyó y aguardó y lo vio, ¡seguro que lo vio! ¡Es tan evidente!
Después fue el discípulo amado que al ver el sepulcro vacío y el sudario en el suelo "vio y creyó" (Jn. 20, 8). Después fue la Magdalena Un. 20, 1?18), después será Pedro (1 Cor 15, 6; Lc. 23, 34). Después vendrán muchas apariciones. La última fue a Pablo (1 Cor. 15, 8; Hch. 9, 1?19) con gran resplandor del cielo y luz del Espíritu. Con las apariciones, Jesucristo cumplía su promesa: No os dejaré abandonados, volveré a estar con vosotros" (Jn. 14, 18). Las apariciones significan el encuentro personal de Jesucristo con los suyos. Esta es la causa de la fe pascual.
Las apariciones eran la garantía de que jesús había resucitado. Con Él habían resucitado también muchos santos que salieron de sus sepulcros y se aparecieron a muchos en Jerusalén (Mt. 27, 51?53). Lo cual indica que había comenzado el camino de la gran resurrección, el alborear de los tiempos nuevos, el comienzo del reinado definitivo de Jesucristo entronizado a la derecha del Padre, como soberano del mundo, como "El Señor".
La resurrección, la ascensión y Pentecostés constituyen una única y misma realidad, que acontece en el mismo día y que Lucas distancia artificialmente en el espacio de 40 y de 10 días.
La fe de la primitiva comunidad cristiana consiste en la creencia firme de que había llegado la pascua de la salvación (1 Cor. 5, 7?18).
Es verdad que el resucitado es el mismo que el crucificado: "les mostró las manos y el costado,> (Jn. 20, 20), pero los discípulos están extrañados, comedidos, casi temerosos.
Hay una gran diferencia entre el Jesús de antes y el de ahora. El cuerpo del resucitado es el mismo de antes, pero misteriosamente transformado, espiritualizado, que parece y que no parece el mismo, que aparece y desaparece misteriosamente y sin saber cómo. ¿En qué consiste esta transformación? El misterio es inexplicable. Se acepta o no se acepta. Lo que sí es cierto es que Jesús sigue vivo y presente entre nosotros, aunque de otra manera.
Y ahora ¿qué?
La resurrección es una realidad para aquí y ahora y para después. Lo importante es vivir ya como resucitados, porque a partir del bautismo participamos en la resurrección de Jesús. Vivir como resucitados es dejar que Dios nos ilumine con su misma luz y vida. Después de la muerte será la resurrección en plenitud.
Francisco Ruiz
Vicario Episcopal de Ronda
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